Crónica de un encuentro. Historia real.
Fue hace un año, eran las 2 de la mañana. Me despertó un singular canto. Seguro que faltaban algunas horas para escuchar a las guacalchías, los cenzontles,… Repasé mis referencias ornitológicas…No era lechuza, no era búho… estoy seguro… Me asomé a la ventana y pude ver dos pequeñas criaturas que se comunicaban.
Quietas, a unos 10 metros de distancia entre sí, un silbido corto, intermitente qué sólo ellas sabían descifrar las mantenía en una clara y extraña conversación nocturna. No sé si me presintieron asomándome entre los cristales del ventanal y, por más cuidadoso que fui, partieron veloces. Me fui a la cama complacido de verlas entre sombras, pero con la facilidad de admirarme que nunca perdí de niño me preguntaba: ¿Qué son? No me conformé e investigué. Al día siguiente abordé al sereno (celador, vigilante), y le describí el hecho.
“¡Aaaah! -me contestó con la seguridad que su acervo nocturno le brinda- ese animalito canta a menudo. Hay gente que le teme. Un señor allá abajo dice que por eso de los enemigos, las malas leches, etc., piensa que le pasará algo…” ¡Vaya cosas! A mí, en cambio, me place escucharlas y hasta quisiera verlas.
Al siguiente día la aparición fue a las 10 pm… me asomé a la ventana junto a mi esposa, quien ya estaba prendida de curiosidad también. Una vecina se asomó y de inmediato cerró su ventana. Otra ni se asomó y también la cerró, como si de un espectro se tratara. Esta vez no las vimos, pero las oímos clarito, sabíamos que estaban en un árbol de aguacate enfrente de la casa.
Concluí que depende de tu imaginario, ese canto te dará curiosidad, alegría o miedo. Lo que no conocemos nos inquieta o nos atemoriza. Puede que lo rechacemos o vayamos en su búsqueda, en su esclarecimiento… Por mi parte me dediqué a saber qué era… descubrí cosas bonitas e interesantes.
El extraño visitante es la “auora” (Glaucidium brasilianum), una especie de búho que habita prácticamente en toda América. Simpática, ¿no? Tienen un tamaño de unos 15 o 20 cm. Quizá los que le temen y cierran sus ventanas al oír su canto, ignoran que son aves muy útiles, depredadoras que están al acecho de animales como las ratas que pululan por la ciudad. Como muchas otras especies no sólo de aves sino reptiles, anfibios o mamíferos, han tenido que ser parte de la fauna urbana. Aprovechan la vegetación o “mini bosques” que forran las quebradas que atraviesan toda la gran capital.
La franja boscosa que rodea una quebrada, está ubicada en el municipio
de Mejicanos, San Salvador. Fue aquí donde fotografié a la aurora, mientras
descansaba en un árbol. Es una franja de vida silvestre. Se pueden observar muchas aves y distintas
clases de plantas (como el chichicaste, el higuerillo) y árboles de mango, tihuilote, cedro, etc.
(Imagen: google map)
Casi dos años después, al fin pude tener una frente a frente. En Mejicanos, un amigo que es jardinero ya me había hablado sobre ellas, de que las había visto en una quebrada de ese municipio. Cuando tuve la oportunidad, cámara en mano emprendimos el camino hacia el lugar. Habíamos caminado unos 5 metros cuando en un árbol algo se movió. Don Dimas, mi amigo, me dijo: -Es una guacalchía.
Pero cuando uno es un fotógrafo irremediable, crea cierto instinto y una mirada ágil. Le dije que no, que era ¡una aurora!... Al fin, pude con mi lente, capturar la imagen de esta pequeña y simpática ave que nos observaba girando su cuello 180º para, luego de unos segundos, adentrarse a la zona más oscura de los árboles.
Para mí es como un trofeo. Me emocionó conocerla en plena luz del día, sin caminar mucho. Parecía que el encuentro ya estaba pactado. Comparto aquí las imágenes de otra ave que es parte de nuestra fauna, tanto rural como urbana.
Esta última imagen, la he captado en el mismo lugar una semana después
que las fotos anteriores. Me permitió una solo foto antes de volar.
Escucha el canto de la aurora en el siguiente video.
Casi un año después (Febrero de 2013)...
He dado seguimiento al canto de la aurora. Siempre suele escucharse en mi zona de residencia, también la escuché en diciembre en Usulután. Y en esta ocasión, me la he encontrado perchada en pleno día, a eso de las 8 a.m. en un árbol de aguacate que ha perdido casi todas sus hojas y apenas comienza a retoñar. Estaba tranquila, girando su cabeza a unos 10 m. de altura. Este avistamiento ocurrió en el mismo sector donde la encontré hace casi un año. En esta secuencia fotográfica, se observa cómo gira su cuello unos 270 grados.
En esta última foto, ha volteado su rostro hacia atrás.
Nuestros lectores participan:
(Noviembre de 2014.) Gloria Lopez. Tuvo la delicadeza de compartirnos su encuentro con esta bella especie (incluyendo un par de fotos tomadas con su teléfono móvil): "La aurora llego anoche y la agarramos porque se metió a mi cuarto y tengo gatos. Me puse las pilas antes de que ellos pudieran hacerle daño. Asi que solo la contemple un par de minutos y luego fuimos a soltarla al techo! Voló muy rápido! Preciosisimaaaaaaaaa!!!"
¡Gracias, Gloria. Hiciste lo correcto!
Registro fotográfico de Gloria López. Una aurorita entró
por su ventana. Luego de tomarla en sus manos, la liberó.
(Noviembre de 2014).